Miguel A. López-Morell (Universidad de Murcia).
Capital extranjero y crecimiento económico. Inversiones y actividades financieras de la Casa Rothschild en España, 1835-1941.
Esta tesis doctoral, dirigida por el profesor Antonio Miguel Bernal, fue defendida el 12 de junio de 2002 en el Departamento de Teoría Económica y Economía Política de la Universidad de Sevilla, de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, ante un tribunal presidido por el doctor Pedro Tedde Lorca y compuesto por los vocales Antonio Gómez Mendoza, José María O'Kean Alonso, José Ignacio Martínez Ruiz y José Luis García Ruiz, que actuó de secretario.
El trabajo realiza un acercamiento al caso de las inversiones y actividades financieras de la Casa Rothschild en España a lo largo del siglo XIX y del primer tercio del siglo XX, intentando a resolver cuatro cuestiones esenciales: En primer lugar, determinar cuándo se produjeron las principales entradas de capital por su iniciativa, qué intensidad tuvieron y a qué sectores afectaron; a continuación, cuantificar cuál pudo ser la importancia de estas inversiones y actividades financieras y qué peso tuvieron en el sector público, la empresa y los mercados españoles y, así mismo, sobre el conjunto de las inversiones extranjeras en cada periodo; por otra parte, destacar cuáles fueron las pautas de actuación y los medios de los que se dotó la Casa Rothschild para alcanzar el éxito en cada uno de sus negocios; y, finalmente, analizar las consecuencias que tuvo este fenómeno en el crecimiento real de la economía española contemporánea, tanto a escala general como sectorial.
En esta apuesta por abarcar el conjunto de este proceso, desde sus orígenes hasta la definitiva disolución de las principales inversiones en 1941, se ha preferido no abandonar el hilo temporal de los acontecimientos y aprovechar la propia evolución interna de las inversiones en los cuatro primeros capítulos del trabajo.
A lo largo del primero de ellos, que abarca el periodo comprendido entre 1811-1850, se describen y analizan las operaciones de la Casa Rothschild en España desde la financiación del ejercito de Wellington, pasando por sus desacuerdos los gobiernos de Fernando VII, hasta la definitiva apertura de una agencia estable en Madrid, en 1835, que se convertiría en uno de los establecimientos financieros más activos de la capital. A partir de entonces, los Rothschild desarrollaron un complejo entramado de relaciones financieras con el Estado español al que concedieron numerosos préstamos, y para el que negociaron parte de su deuda pública en el extranjero. El grupo aprovecharía también su predominio financiero para asegurarse su presencia privilegiada y exclusiva en diversos sectores monopolizados por el gobierno, destacando principalmente los contratos de exclusiva de ventas de la producción de las minas de Almadén que, junto a sus minas de Idria, le permitieron ejercer un monopolio efectivo de la oferta mundial de mercurio durante más de noventa años. Partiendo de ese momento se van a suceder dos momentos de ruptura en las décadas siguientes que se tratan en los siguientes capítulos.
El primero de ellos, que da inicio al capítulo 2, podemos situarlo a fines de 1855, cuando los Rothschild se introdujeron en el negocio de la promoción de ferrocarriles en España, a través de la compañía Madrid-Zaragoza-Alicante (MZA). Esta sociedad desarrolló un enorme esfuerzo inversor que le llevaría a construir el 35% de las principales líneas ferroviarias españolas, en viva competencia con la compañía del Norte, de similar tamaño y organizada por los Pereire. En paralelo, los Rothschild desarrollaron las operaciones financieras más importantes, tanto con el Tesoro público, como con el Banco de España, en un proceso creciente de intervención en las finanzas pública, que fue tomando mayor cuerpo desde las crisis monetarias de de 1861, se consolidó durante el Sexenio y se alargó hasta los arreglos de la deuda de 1876 y 1881.
En siguiente capítulo describe y analiza la siguiente de las rupturas, que puede situarse alrededor de 1875-1880. A partir de esos años, y sin abandonar sus relaciones financieras con el gobierno español, el grupo Rothschild dio un segundo giro fundamental de cara a diversificar sus inversiones, que pretendía aporvechar su experiencia en el comercio de materias primas para pasar al control directo de las empresas productoras, bien introduciéndose en su accionariado o bien promocionando determinadas empresas. Tal y como ocurriría en el caso del cobre y el plomo, metales sobre los cuales los Rothschild habían desarrollado intensos intercambios desde mediados del siglo XIX, y el petróleo, merced a los crecientes intereses de la Casa en los campos de crudo del Cáucaso. De esta manera, se produce sucesivamente la aportación decisiva de los Rothschild en la creación de la refinadora de petróleo Deutsch et Cie, una compañía que nació en 1879 fruto de un acuerdo entre la Casa de París y el refinador Francés Deutsch de la Meurthe, en la fundación de la Sociedad Minera y Metalúrgica Peñarroya, en 1881, y, finalmente, la toma del control de la Rio Tinto Company, desde 1889. Estas últimas líderes indiscutibles en España y en Europa de la producción y transformación de plomo y la pirita de cobre, respectivamente, en los años venideros.
El capítulo 4 incide en los dos factores que están relacionados con la decadencia de los negocios de los Rothschild en España en el primer tercio del siglo XX: por una parte, el fracaso en el relevo generacional en la Agencias de los Rothschild en Madrid, que llevó a una sensible disminución en las iniciativas empresariales; y, por otra parte, la aparición del nacionalismo político y la progresiva transformación de la estructura político-económica española, que harán perder a los empresas foráneas buena parte de las ventajas ante las institucionales nativas, de las que habían disfrutado anteriormente.
Por último, el capítulo quinto pretende abarcar las principales aportaciones analíticas globales. En el primero de los dos apartados se destacan una serie de elementos que se repiten a lo largo de todo el proceso, que lo caracterizan y que, en cierta medida, explican el éxito de sus negocios. Estos factores serían, fundamentalmente: la superioridad en los servicios financieros, tanto en la dotación de servicios al Estado y al Banco de España como en la financiación de sus empresas; por otro lado, su facilidad para controlar los mercados, a través del establecimiento de estructuras ajenas a la competencia; por otra parte, la flexibilidad que demostraron a la hora de aplicar diferentes estrategias industriales y financieras en sus empresas, lo que les permitió optimizar beneficios en diferentes escenarios; y, por último, la importancia que tomó en su forma de gestionar los negocios la transmisión efectiva de la información, bien fuera a través de su sistema de agencias y de clientelas creadas al efecto. En el segundo de los apartados se intenta establecer algunas de las principales consecuencia del fenómeno estudiado, tanto desde la perspectiva de los Rothschild como inversores como de la economía española, cuantificando los rentabilidad de cada uno de los ámbitos de negocio, así como su peso dentro del conjunto de la inversión extranjera en España y el total nacional, analizando, para terminar, la influencia de su actu
ación tanto en el apartado de la Hacienda Pública como en el de los sectores productivos del país.
Insistir, finalmente, en que se ha contado para la reafición de este trabajo con fuentes primarias de primer orden, localizadas en los propios archivos de las ramas británica y francesa de los Rothschild, cuyos valiosos fondos se han contrastado con la documentación de la administración española y francesa (Archivo Histórico Nacional, Archivo de la Administración Civil de Estado y los Ministerios franceses de Exteriores, Economía y Finanzas y Comercio), de instituciones financieras claves en el periodo, como el Banco de España. Junto a todos ellos se han consultado los fondos documentales que se conservan en las propias empresas que controlaron los Rothschild en España y que coinciden, fundamentalmente, con los de la antigua Sociedad Minera y Metalúrgica Peñarroya, que conserva la Metaleurop, los de la Río Tinto Co., situados en Londres, además de los que aún se conservan en la mina, y los de la Cía. de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, depositados en el archivo de la Fundación de los Ferrocarriles españoles. |