Francesc Valls Junyent.
Paper de les exportacions vitícoles en la
configuració de les relacions exteriors de l’economia catalana: 1672-1869.
Director: Pere Pascual Domènech.
Tribunal :
Dr. Jordi Nadal (presidente)
Dr. Jaume Torras (secretario)
Dr. Josep Fontana
Dr. Joam Carmona
Dr. L. M. Cullen
Con esta investigación se han podido establecer perfectamente la existencia de dos
grandes ciclos que marcan la trayectoria histórica del sector vitícola catalán. El
primero de estos dos ciclos habría sido protagonizado por el aguardiente. Se
extendería desde finales del siglo XVII hasta los años veinte del siglo XIX. En el
segundo, que se iniciaría a partir del rápido agotamiento del primero durante los
años posteriores a la ocupación napoleónica, el principal producto objeto deexportación habría sido el vino. Durante el ciclo del aguardiente el mercado de
destino de las exportaciones vitícolas catalanas habría sido el área norte-europea.
Dentro de esta área comercial, hasta mediados del siglo XVIII el principal punto de
destino habría sido Amsterdam. Hacia los años sesenta, a la demanda procedente del
entrepôt holandés se habrían sumado los cuantiosos pedidos de aguardiente
procedentes de varios puertos del norte de Francia, desde los que el licor era
reenviado o bien hacia el interior del país vecino, o bien hacia Gran Bretaña, país en
el cual era introducido de manera fraudulenta por los numerosos contrabandistas que
operaban en el área del Canal de la Mancha. Finalmente, durante los últimos años
del siglo XVIII y primeros del XIX, debido a la Revolución Francesa y a las guerras
de la época revolucionaria y de Napoleón, se produjo un cierre del mercado francés
y un desplazamiento hacia el norte de los mercados del aguardiente catalán. En esta
última fase del ciclo del aguardiente los puertos del norte de Alemania (Bremen y
Hamburgo) y del Báltico se convirtieron en los principales receptores de los
aguardientes catalanes. Las dificultades del comercio europeo provocadas por las
guerras napoleónicas impidieron a los aguardientes catalanes el acceso a los mercados del norte de Europa. La prolongación de esta situación durando casi dos
décadas fue un estímulo porque en las regiones consumidoras de aguardientes
vínicos del norte y centro de Europa se desarrollara la producción de destilados
autóctonos (whisky, vodka, etc.) fabricados a partir de cereales. En consecuencia, si
nos situamos hacia 1820, se puede considerar que los mercados del norte de Europa
estaban definitivamente perdidos para el aguardiente catalán. El agotamiento del
ciclo del aguardiente daba paso al ciclo del vino. En esta nueva etapa que se inició
hacia 1820 la principal área comercial de la viticultura del Principado debía ser el
continente americano. Dentro de aquel continente, las Antillas, en primer lugar, y el
Brasil en segundo debían ser durante los años veinte y primeros treinta los grandes
compradores de vinos catalanes. A partir de la segunda mitad de los años de 1830 el
Brasil fue perdiendo relevancia en paralelo al incremento de las exportaciones hacia
las nuevas repúblicas del Río de la Plata. Hay que destacar que la nueva orientación
que tomó el comercio de exportación vitícola a partir de 1820 afectó también al tipo
de mercancías que se recibían como contrapartida de aquellas exportaciones.
Durante el ciclo del aguardiente se había pasado por dos fases en lo que respecta a
las contrapartidas comerciales de las exportaciones vitícolas. En la primera el poder
de compra exterior obtenido con la exportación de aguardiente sirvió para adquirir
toda clase de manufacturas de entre las cuales predominaban las textiles. En una
segunda fase que se inició hacia 1760 aquella capacidad de compra exterior,
considerablemente incrementada por el aumento del volumen de aguardiente
exportado, fue utilizada por hacer llegar al país de manera masiva tejidos de lino
semiacabados. Se trataba de lienzos en crudo que eran estampados a las fábricas de
indianas de Barcelona para ser posteriormente reenviados hacia la América colonial.
A partir de 1820 este patrón de intercambios de aguardiente a cambio de
semimanufacturados textiles se hundió por dos razones: la desaparición de las
exportaciones de aguardiente hacia el norte de Europa antes mencionada y la
pérdida de las colonias continentales americanas dónde se comercializaban los
lienzos estampados. Por estos motivos, coincidiendo con el inicio del ciclo del vino
se busca una nueva contrapartida comercial a las exportaciones de vinos en
América. Esta contrapartida fue el algodón en rama americano. Hay que recordar
que la demanda de esta materia prima estaba en franca expansión al Principado en
iniciarse la década de 1820. Esto era debido a la reconversión que había habido de
afrontar la manufactura algodonera del Principado puesto que era en las fábricas
algodoneras (fábricas de indianas) donde en el siglo XVIII se hacía la estampación
de aquellos lienzos importados en crudo del norte de Europa. Desaparecida esta actividad, aquellas fábricas habían tenido que concentrarse en la fabricación de
tejidos estrictamente de algodón (que comercializaban a la propia Península). En
definitiva, con esta tesis se precisan los estrechos vínculos que existieron entre las
exportaciones vitícolas (aguardiente en el siglo XVIII y vino en el siglo XIX) y las
importaciones de semimanufacturados textiles (lienzos de lino en el siglo XVIII) y
materias primas (algodón en rama en el siglo XIX), Estos vínculos contribuyeron a
hacer posible el desarrollo de la industria algodonera moderna, sector este llamado a
liderar el proceso de industrialización ochocentista catalán.
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