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  Investigación > Tesis doctorales > Belén Moreno Claverías
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Belén Moreno Claverías (European University Institute, Florencia).
Pautas de consumo y diferenciación social en la cataluña preindustrial. Una sociedad en transformación a partir de los inventarios post-mortem

La tesis, dirigida por Laurence Fontaine y Jaume Torras Elias, fue defendida el 25 de octubre de 2002 en el Dpto. de Historia del European University Institute de Florencia. El tribunal, formado por Bartolomé Yun, Paolo Malanima y Jaime Reis, le otorgó la máxima calificación.

La tesis tiene cuatro objetivos fundamentales. 1)- Analizar la transformación de las pautas de consumo desde 1670 hasta finales del siglo XVIII en el Penedés, comarca situada en el prelitoral catalán. El intenso crecimiento demográfico, el proceso de especialización vitivinícola y el desarrollo de los intercambios que vivió esta área durante el Setecientos la hace particularmente interesante para estudiar los cambios operados en las pautas de consumo. 2)- Hacer una aproximación a la estructura social de la época a través de la cultura material. A diferencia de otros trabajos, no han sido los grupos sociales basados en jerarquías de riqueza los que nos han llevado a identificar pautas de consumo distintas, sino los distintos modos de consumir los que nos han llevado a caracterizar diversos grupos sociales. 3)- Distinguir las lógicas colectivas que se hallaban tras las pautas de consumo, el uso de determinados objetos como signos de distinción social y su evolución. 4)- Analizar el peso de otras variables, como el género y el lugar de residencia, en la configuración de las pautas de consumo. Todo ello nos ha permitido entrar en algunos debates abiertos, como el de la "consumption revolution" y la "indoustrious revolution" del siglo XVIII, y observar el carácter de las transformaciones en una zona eminentemente agraria. Las problemáticas abiertas y la bibliografía existente se recogen, desde una perspectiva multidisciplinar, en el capitulo 1.

Las fuentes utilizadas son, principalmente, los inventarios post-mortem localizados entre los protocolos notariales de la zona. Se ha ampliado la muestra de inventarios lo máximo posible (hasta más de 800) para atenuar, aunque sea en parte, algunos sesgos y limitaciones inherentes a esta fuente. Asimismo, se han utilizado algunas fuentes complementarias como testamentos, subastas públicas, capítulos matrimoniales, registros parroquiales, libros de cuentas, dietarios de la época, etc. con el mismo fin.

La ausencia de valoraciones monetarias en los inventarios catalanes no permite utilizar la metodología de las monografías sobre historia del consumo existentes, por lo que ha debido idearse una nueva. Ésta consiste en el cruce de algunas variables creadoras de diferenciación social (la extensión de tierra poseída, el dinero en efectivo, la profesión del cabeza de familia y el lugar de residencia) con la información referente a la posesión de algunos bienes duraderos y semiduraderos (artículos textiles, mobiliario, objetos de oro y plata, libros, objetos artísticos de devoción, etc.).

La exposición del material para su integración en un discurso historiográfico se organiza en dos cortes cronológicos (1670-1690 y 1770-1790), separados por un periodo de intenso cambio demográfico y económico en la sociedad catalana. Esto ha permitido analizar la cultura material "en movimiento", sus transformaciones a lo largo del tiempo y, especialmente, qué sectores sociales salieron más beneficiados del cambio económico que estaba viviendo la comarca. En primer lugar, se analizan las pautas de consumo entre 1670 y 1690 (Capítulo 2), y después el período de 1770-1790 (Capítulo 3), para pasar después a comparar los resultados obtenidos en ambos períodos (en el Capítulo 4). Dentro de cada corte cronológico, los patrimonios individuales se ordenan y agrupan en función de la mayor o menor presencia de ciertos bienes, y a partir de ello se tipifican varias "estrategias de consumo y representación" que son predicables de colectivos diferentes no sólo por su nivel de renta sino también por el lugar de residencia (urbano o rural) y el tipo de profesión.

La comparación de los resultados de ambos cortes cronológicos sugiere dos conclusiones fundamentales. 1)- Los cambios en las pautas de consumo fueron moderados y, por lo tanto, no puede hablarse de una "revolución del consumo" como la que se registró en las principales ciudades europeas. Aparecieron algunos objetos nuevos y, sobre todo, la variedad de los objetos comunes se multiplicó gracias a una oferta de materiales, colores, formas y, cabe suponer, de precios, mucho más rica. Algunos consumos crecieron, mientras que otros decayeron. En este último caso se encontró el consumo de armas (por imposición política) y, sobre todo, el de objetos de plata y oro. En la tendencia opuesta se hallaba el consumo de los artículos textiles (tanto de indumentaria personal como del hogar), y algunos objetos nuevos o recientemente popularizados como los cubiertos y las chocolateras. 2)- La participación de cada familia en el aumento del consumo fue muy desigual. La especialización vitícola produjo el aumento de la desigualdad -por lo menos en lo que hace referencia al consumo de bienes duraderos y semiduraderos- y la emergencia de una élite social y económica con fuertes intereses en la producción y el comercio de vino. Mientras que la élite local aumentó su consumo de artículos ostentosos y "a la moda" de forma extraordinaria, la mayoría de artesanos rurales y campesinos mal dotados de tierra tuvieron que aumentar su fuerza de trabajo para sobrevivir. Más que al afán por consumir los nuevos artículos, esta "indoustrious revolution" parece deberse al incremento demográfico, la falta de tierras, el descenso de los salarios y la monetización de algunos impuestos como el catastro.

La segunda parte de la tesis se centra en analizar la influencia del lugar de residencia y del género en los patrones de consumo. En el primer caso (Capítulo 5), y a partir del examen de los inventarios de tres ámbitos espaciales distintos (campo, villa, ciudad), se constata que el lugar de residencia fue un factor decisivo en la configuración de las pautas de consumo de la población catalana. El acceso a la novedad y el lujo era directamente proporcional al grado de urbanización de cada centro de población, al peso de sus actividades manufactureras y comerciales, a la cercanía de un puerto y, por tanto, al grado de relación de sus habitantes con los mercados interiores y exteriores. Las masías, aldeas y pueblos pequeños disfrutaban de una menor variedad de artículos que la villa, y ésta a su vez de una menor que la ciudad.

En cuanto a la influencia del género en las pautas de consumo, he podido constatar empíricamente cómo la mayoría de las mujeres tuvieron que hacer frente a multitud de obstáculos para actuar como sujetos económicos, y, por lo tanto, como sujetos consumidores. El discurso ilustrado -que atribuía a la "naturaleza femenina" una propensión enfermiza hacia el consumo de artículos superfluos y que tanto éxito tendría en los estudios sobre la naciente sociedad de consumo- no es constatable a través de las fuentes disponibles. La gran mayoría de mujeres -pobres y residentes en ámbitos rurales-, no pudieron embellecer sus hogares y sus personas con los objetos nuevos que las parisinas y las londinenses de clase alta encontraban en las exclusivas tiendas de la ciudad. El hecho de que
las mujeres fueran las principales gestoras del consumo familiar -en especial del consumo de bienes perecederos- no tiene porqué implicar que pudiesen disponer de los recursos familiares con total libertad y, menos aún, que pudieran derrocharlos. El gusto por los objetos superfluos y de moda era más una característica del consumo "burgués" que del consumo "femenino". Tanto es así que lo que los contemporáneos llamaban "frivolidades" (perfumes, espejos, artículos de seda, pelucas, relojes, canapés, escaparates, etc.) eran tan o más abundantes en los inventarios de los hombres que en los de las mujeres.

En definitiva, la tesis central concuerda con lo que está quedando claro en otras investigaciones: aparte de cuestiones relativas al nivel de riqueza y poder adquisitivo, que quizás marcaran el "techo" del volumen de consumo en la sociedades preindustriales, las formas concretas que éste tomaba dependían sobre todo del encuadramiento social de los individuos y de las reglas de reconocimiento mutuo y de creación de identidades a que llevaba dicho encuadre social. Por otra parte, las transformaciones experimentadas entre fines del siglo XVII y fines del XVIII se deben relacionar sobre todo con el desarrollo del mercado, la creciente diversificación de la renta en el seno de la sociedad campesina y el surgimiento de una burguesía rural más sólida. Todo ello habría llevado a la expansión de la demanda de determinados productos, cuya importancia de cara a la industrialización es indudable, entre los sectores más pudientes y más cercanos al mercado.


 

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